viernes, 30 de agosto de 2013

La gente tóxica


Voy a decirlo alto y claro: ¡me tenéis hasta las narices! No vosotros, queridos lectores, no, sino los pesimistas recalcitrantes. Los patógenos de la tristeza. Los tristes. Los que nunca están contentos con lo que tienen. Los quejumbrosos. Agonías. Plas, plas. Así os apartaba yo de mi vida. Plas y para Marte, donde no podáis contagiar vuestra negatividad perpetua. Los lunes porque son lunes. Los martes porque aún son martes. Los miércoles porque todavía quedan tres días para el fin de semana. Los jueves porque ya están muy cansados. Y los viernes porque ya queda menos para el lunes. Pesados. No sois Ignatius J. Reilly, el mundo no se conjura contra vuestra persona. Y mucho menos lo hace la rotación de la Tierra. El sol no se pone antes en invierno para jorobar vuestra existencia. Y no da calor en verano para haceros sudar. El retorno de vacaciones no se inventó para torturaros, y los atascos no existen con la única finalidad de atraparos cada mañana un rato más en el coche y poneros aún de peor humor que con el que os habéis levantado. Que ya tengo yo suficiente con lo mío para que me vengas lloriqueando a todas horas. Que, mira, hoy han puesto una canción que me gusta en la radio y he procurado cantarla bien fuerte para tener un ratito de alegría. Así que no jorobes. Triste. Deja ya de intoxicar. Y quéjate cuando de verdad sea importante. Y no porque la ensalada de hoy -que encima de paga tu empresa- estaba un poco salada. El día que de verdad estés enfermo -y no lo quiera el destino- ¿qué vas a hacer

 De CARMEN CHAPARRO
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