lunes, 19 de octubre de 2009

PEQUEÑAS HISTORIAS




Era ella, ella, que había mantenido su amor, en la distancia, su amor estuvo vivo todo el tiempo en la lejanía.

Era ella, no podía creerlo, con su melena de sedosos hilos dorados al viento, aun más bella que cuando se marcho, una belleza reposada, se denotaba como el brillo de sus ojos azules, no habían cambiado, irradiaban felicidad al volverlo a ver, se fundieron en un abrazo, como si de un alma solo se tratase, no hubo reproches, los dos volvieron a sentir aquel amor que les había unido muy tempranamente, y junto aquel árbol sus ojos encontrados hablaban, sin mediar palabras. En sus cabellos se entremetían los rayos de sol de un atardecer templado y, perfumado por las flores de aquel parqué. La veía como un ángel, la había soñado tantas veces… que se decía no quiero despertar, si esto es un sueño no quiero despertar.

De pronto escucho una vocecilla que le decía papi, papi… despierta que me tienes que llevar de paseo, hoy es domingo y me prometiste llevarme al parque, abrió los ojos y allí estaba una preciosa niña rubia con ojos azules, era la viva estampa de su madre.

Era un sueño, pero un día había sido realidad y, eran muchas las noches que esa realidad se repetía en sus sueños.

Saludos

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