jueves, 15 de octubre de 2009

PEQUEÑAS HISTORIAS

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Volvió al pueblo de donde un día había marchado. Un día de esos que uno se levanta sin saber donde estas, quien eres, qué haces en este mundo… no dijo nada a nadie, y se marcho. Después de unos meses cuando su cabeza se libro de las oscuras nubes que no lo dejaban pensar, escribió a la familia. ¡Estoy bien, no me busquéis… algún día volveré!!! Solo eso se atrevió a decir, nada más.

Después de unos años sintió la necesidad de volver, los recuerdo martilleaban su cerebro se sentía culpable. ¡Ella, no me perdonara!!! ¿Estará casada…? ¡Como pude hacerle esto!!!! Los miedos a volver le aterraban, pero su corazón le decía, ¡adelante….adelante!!!

Se dirigió al parque donde jugaban desde niños, puso su mano sobre aquel gran árbol donde un día escribieran sus nombres entrelazados. Sus ojos se le nublaron y dos gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas.

Alguien detrás de él, le ofreció un pañuelo y, le dijo… estoy aquí, siempre supe que volverías.

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